Desprotección platense
Un jardín saqueado y una esquina bajo amenazas complican el discurso de gestión de Julio Alak
Un jardín municipal sufrió dos ataques en pocas horas y recién después del robo comenzaron las gestiones para colocar una alarma. En Ringuelet, vecinos denuncian amenazas, extorsiones y agresiones de trapitos y limpiavidrios en una esquina transitada todos los días.
4 de Septiembre de 2026
La inseguridad volvió a golpear de lleno a La Plata con dos episodios que exponen una realidad difícil de maquillar para la gestión de Julio Alak. Mientras un jardín municipal terminó con daños, elementos robados y clases suspendidas, vecinos de Ringuelet aseguran convivir diariamente con amenazas, pedidos intimidatorios de dinero y episodios violentos en plena vía pública.
El Jardín Municipal Número 8, ubicado en 85 bis entre 118 bis y 120, sufrió dos ingresos delictivos en pocas horas. El domingo, un sospechoso rompió una reja e intentó entrar, pero la intervención de vecinos habría provocado su fuga. Durante la madrugada siguiente regresó, logró acceder al edificio, produjo nuevos destrozos, desparramó útiles y libros y se llevó distintos elementos de valor.
El resultado fue concreto y bastante menos decorativo que cualquier discurso de gestión. El lunes los chicos no pudieron tener clases y las autoridades encontraron el establecimiento violentado al comenzar la jornada. La denuncia quedó radicada en la Comisaría 16ª y el Grupo Táctico Operativo inició las tareas para identificar al responsable.
El dato que más incomoda al Municipio aparece después del robo. El inmueble no contaba hasta ese momento con sistema de alarma y las gestiones para instalarlo comenzaron recién después de los hechos. En otras palabras, la seguridad preventiva llegó cuando la puerta ya había sido forzada, los daños estaban hechos y los alumnos se habían quedado sin clases.
La escena tampoco termina en Barrio Jardín. En 7 y 520, vecinos de Ringuelet denuncian que trapitos y limpiavidrios ocupan habitualmente la esquina y que los pedidos de dinero pueden transformarse en insultos, intimidaciones o agresiones. Una frentista contó que incluso estuvo cerca de recibir un cascotazo mientras paseaba a su perra.
Según los testimonios, no se trata de un episodio excepcional. Quienes viven en la zona describen una situación cotidiana que los obliga a circular pendientes de posibles cruces y discusiones, incluso en una intersección de intenso tránsito donde cientos de conductores quedan detenidos frente al semáforo.
Entre un jardín municipal que necesitó ser robado para que apareciera la alarma y vecinos que dicen convivir con extorsiones en plena calle, la administración de Alak queda frente a una fotografía poco conveniente. La Plata no necesita descubrir la inseguridad después de cada denuncia, necesita que el Municipio deje de llegar cuando los daños ya están contabilizados.
