Impacto tecnológico
Un video con IA que simula una pelea entre Tom Cruise y Brad Pitt enciende alarmas en Hollywood
El impacto va mucho más allá del video: la industria teme que estas herramientas puedan reemplazar dobles de riesgo, técnicos de efectos visuales e incluso recrear actores sin su consentimiento, reduciendo costos pero generando un fuerte conflicto laboral y legal.
18 de Febrero de 2026
Un video hiperrealista generado con inteligencia artificial que muestra a Tom Cruise y Brad Pitt enfrentándose en una escena de acción sobre el techo de un edificio desató preocupación en Hollywood, no solo por su viralización sino por el nivel de realismo alcanzado sin intervención directa de equipos técnicos, dobles de riesgo ni especialistas en efectos especiales. El clip, producido con la herramienta Seedance 2.0 desarrollada por ByteDance, fue creado a partir de simples instrucciones de texto, lo que evidencia el avance acelerado de la IA en la producción audiovisual.
La inquietud en la industria cinematográfica se centra en el alcance que puede tener esta tecnología en el modelo tradicional de producción. Expertos advierten que la posibilidad de recrear actores, escenas de riesgo, escenarios complejos y efectos visuales con algoritmos podría reducir costos de producción y modificar profundamente el rol de técnicos, maquilladores, especialistas en efectos visuales y dobles de acción, áreas históricamente clave para el cine de gran escala.
El debate también se extiende al valor de la imagen y la identidad artística, ya que la IA permite replicar voz, gestos y presencia de intérpretes sin su participación ni compensación económica, lo que abre interrogantes legales y laborales sobre derechos de imagen, propiedad intelectual y contratación futura en la industria audiovisual. En ese sentido, el temor central radica en que estudios puedan optar por contenido sintético para abaratar proyectos, disminuyendo la demanda de profesionales humanos en determinadas etapas de producción.
La reacción de Hollywood fue inmediata. La Motion Picture Association, que agrupa a los principales estudios estadounidenses, calificó el uso de estas herramientas como una posible infracción masiva de derechos de autor y exigió a ByteDance el cese de la generación y difusión de material que utilice semejanzas de actores sin autorización previa. Paralelamente, el sindicato de actores SAG-AFTRA condenó el uso no autorizado de voces e imágenes, al considerarlo una amenaza directa a la estabilidad laboral de los intérpretes en un contexto ya atravesado por transformaciones tecnológicas.
Además, grandes compañías como Disney enviaron cartas de cese y desistimiento a ByteDance, señalando que estos sistemas podrían estar entrenados con contenidos protegidos por derechos de autor, incluyendo personajes y material audiovisual de franquicias reconocidas. Frente al escándalo, la empresa tecnológica aseguró que respeta la propiedad intelectual y que trabaja en nuevas salvaguardas para limitar el uso indebido de imágenes y contenidos de terceros, aunque sin precisar plazos ni mecanismos concretos.
El episodio reabre un debate estructural en la industria del cine: si la inteligencia artificial continúa perfeccionándose, podría redefinir los procesos creativos, la estructura de costos y el valor del trabajo humano en la producción audiovisual, marcando un punto de inflexión para Hollywood en la relación entre tecnología, creatividad y empleo.
