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Jueves 6 de Agosto de 2026

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Vecinos de Villa Castells agotaron la espera: la intimación a Alak que expone siete años de promesas incumplidas

El barrio le pone los puntos al municipio con un escrito que más que un reclamo parece un manual de supervivencia para un intendente distraído.

6 de Agosto de 2026

La paciencia en Villa Castells no se agotó: la licuaron entre zanjas y promesas. Los frentistas de la zona de 495 y 4, hartos de hacer de topógrafos improvisados entre el barro que dejó ABSA, decidieron pasar de los suspiros a los papelitos con membrete: una intimación formal contra el municipio de Julio Alak que tiene más puntos que un decálogo y menos respuestas que el propio intendente en una conferencia de prensa.

Los colegas de La Buena Info fueron los que destaparon la olla podrida, pero los vecinos ya la venían oliendo desde hace meses. Lo que en principio fue una intervención de ABSA para reparar cañerías, terminó convertido en un paisaje digno de un campo de batalla: zanjas que parecen trincheras, desniveles que invitan a torcerse un tobillo y un barro que se pega más que los curros políticos a la gestión pública. Alak prometió "ciudad inteligente" en campaña, pero los vecinos deben estar pensando que la inteligencia se fue de viaje y no dejó pasaje de vuelta.

La cuestión no es meramente estética. Ambulancias, bomberos y patrulleros tienen que hacer malabares para llegar a esa cuadra, como si la inseguridad vial fuera un requisito previo para pedir ayuda. Como si no alcanzara con los cortes de luz programados y la recolección de residuos que funciona a la gorra, ahora los vecinos suman luminarias apagadas que convierten la noche en una ruleta rusa. Alak debe pensar que Villa Castells es un barrio con vocación de película de terror, cuando en realidad lo único que da miedo es su inacción.

El documento presentado no es un simple papel. Es una radiografía del desgaste y, al mismo tiempo, un acto de fe: diez días para que el municipio presente un plan de acción. Repavimentación, saneamiento, reparación de luminarias, normalización de servicios. Siete puntos que suenan a lógica básica pero que en la gestión de Alak parecen parte de un idioma extranjero. Los vecinos no pidieron una obra faraónica, solo que la calle no parezca un camino rural después de un temporal. Si Alak no puede con eso, que empiece a considerar que su legado no será un asfalto nuevo, sino el récord de reclamos sin atender.

La intimación expone más que un problema técnico: expone una concepción política donde el barrio existe cuando hay elecciones y desaparece cuando hay que poner la pala. Mientras el intendente se saca fotos en inauguraciones de jardines de infantes o anuncia proyectos para el casco fundacional, Villa Castells se convierte en un recordatorio de que la gestión municipal tiene más agujeros que la propia calle. Alak, a esta altura, debería entender que los vecinos no quieren discursos: quieren que el asfalto deje de ser una utopía. Pero claro, para eso habría que ensuciarse los zapatos, y parece que la comodidad del despacho es más seductora que la realidad del barro.

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