De Argentina al mundo
Yael Figueroa, la campeona de taekwondo que busca apoyo para viajar con sus alumnos
La multicampeona argentina acompañará a sus alumnos al torneo internacional, pero denuncia que aún no logran reunir el dinero para costear los pasajes.
21 de Agosto de 2025

Yael Ailén Figueroa tiene 35 años, vive en San Martín y respira taekwondo desde que su padre la llevó por primera vez a un tatami a los cuatro años. Campeona del mundo, panamericana y sudamericana, hoy dedica su vida a formar nuevas generaciones desde la enseñanza, convencida de que “el taekwondo no es solo un deporte, es un estilo de vida”.
“Competí durante años, hasta que me retiré. Lo que más me apasionaba era esa sensación única de estar arriba del tatami. Ahí encontré el amor, la amistad y hasta la familia. Mi hija hoy es mi alumna y será una de las que nos represente en el Mundial de Croacia”, contó en diálogo con NOVA.
Con humildad, Figueroa recuerda sus títulos pero se concentra en los logros de sus alumnos: “Ya tenemos campeones del mundo, panamericanos y sudamericanos. Lo que más me inspira es ver a quienes no se rinden, que pueden ganar o perder, pero siempre se levantan”. Sin embargo, lamenta que “jamás cambiaron las cosas en este país para los deportistas amateurs”.
La realidad golpea fuerte: en octubre viajará con cuatro competidores y dos entrenadores a Croacia, pero aún no tienen cubiertos los pasajes, que rondan los 2,5 millones de pesos cada uno. “Vendimos empanadas, rifas, hicimos de todo. Ya pagamos el hotel y la inscripción, pero todavía no alcanza. No somos Messi ni Ginóbili, pero eso no nos hace menos dignos. Queremos que nos vean, que nos ayuden”, reclamó.
La instructora reconoce que vive hace 20 años entre entrenamientos y campañas para juntar fondos. “Alumnos que nunca habían visto el mar conocieron Europa gracias al deporte. Salieron de la calle y entendieron que nada es imposible. Eso no tiene precio”, explicó. Sus sueños son claros: viajar con sus alumnos sin la carga de la incertidumbre económica y poder dedicarse de lleno a la enseñanza.
“Mi trabajo no es cualquier trabajo: la competencia es apenas un hobby del taekwondo. Nosotros preparamos personas para la vida, con empatía, respeto, disciplina y fortaleza. Creo en la cadena de favores: todo lo que uno da, vuelve. Solo necesitamos alguien que haga la diferencia para poder subirnos a ese avión”, concluyó con esperanza.
