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Jueves 30 de Julio de 2026

Piedras, balas y olvido

Alak prometió orden y entregó el infierno: los tiros ya son el himno de La Plata

El intendente mira para otro lado mientras los tiros cruzan la autopista y el conurbano se mete en el casco histórico.

30 de Julio de 2026

El relato de la inseguridad en La Plata ya no necesita presentación. Otra vez, un grupo de delincuentes tomó El Mercadito como si fuera una extensión de su comedor, y otra vez la Policía tuvo que salir a correr piedrazos y disparos a plena luz del día, como si fuera escena de una película de acción berreta pero con olor a pólvora de verdad. El hecho, cerca de la bajada de la Autopista, no es una novedad; es el capítulo semanal de una serie que Julio Alak prometió cancelar y que, en cambio, sigue en emisión con temporada renovada.

Mientras los episodios se repiten con una cadencia casi ritual, la gestión de Alak se especializa en una sola cosa: no controlar la calle. La Plata es hoy una tierra de nadie donde el intendente parece creer que gobernar se reduce a cortar cintas y posar para la foto con algún ministro de turno. Pero los vecinos ya no compran ese libreto, porque los tiros no distinguen entre el barrio privado y la villa, y porque el caos no pide permiso para cruzar la avenida.

El problema no es que haya conflicto social; el problema es que Alak lo administra como si fuera un trámite de la ANSES: lento, burocrático y con final feliz sólo para él. Mientras los pibes del Mercadito juegan a la guerra con adoquines y la Policía responde con balas de goma que parecen caramelos en una piñata, el intendente se escuda en discursos genéricos sobre "inclusión" que nadie se cree, ni siquiera sus propios funcionarios, que ya deben tener el currículum actualizado para cuando el barco se hunda definitivamente.

Lo curioso es que Alak no es un novato. Viene de la política con pergaminos, conoce el paño, sabe dónde están las teclas del poder. Pero elige no tocarlas. Elige mirar el mapa de la ciudad como si fuera un cuadro abstracto, donde las manchas rojas de los conflictos son simples accidentes cromáticos. Y mientras tanto, los vecinos de La Plata, esos que votaron con la esperanza de que el ex ministro de Nación supiera manejar una ciudad, hoy se preguntan si el voto no fue un pase directo a la desilusión.

El Mercadito no es un problema nuevo, es una metáfora viviente de una gestión que se cayó a pedazos. Porque cuando el Estado no llega, el que llega es el que tiene la piedra más grande o el arma más rápida. Y Alak, con su silencio cómplice, parece firmar el acta de entrega de la calle sin inmutarse, como si la inseguridad fuera un impuesto más que los platenses tienen que pagar para vivir en su propia ciudad.

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