El primo incómodo
Mientras los Macri se sacan chispas en el Ecoparque, Jorge se aferra al manual de Milei como si fuera el Evangelio
El jefe de Gobierno porteño se reunió con su primo Mauricio para hablar de gestión, pero el verdadero baile es electoral: él quiere abrazarse a los libertarios, el expresidente quiere ser el dueño del negocio y ambos saben que si no se ponen de acuerdo, el peronismo les chorea el bastión más preciado.
30 de Julio de 2026
La escena fue casi bíblica: dos primos, una mesa en el Ecoparque, una montaña de diferencias y el fantasma de Karina Milei meándoles la cancha desde afuera. Jorge Macri y Mauricio Macri se juntaron el martes para hablar de desregulación, reducción de impuestos y achique del Estado, como si el PRO no hubiera pasado los últimos diez años haciendo exactamente lo mismo que ahora vende como novedad. Pero el fondo de la cuestión no es la gestión, es la supervivencia política de un partido que quedó tan desdibujado que ya no sabe si es la sombra de Javier Milei o la sombra de sí mismo.
APOYAMOS UN PACTO FEDERAL
— Jorge Macri (@jorgemacri) July 9, 2024
Hace más de 20 años que desde el PRO trabajamos para ser un país normal, integrado al mundo, que respete las instituciones y promueva la iniciativa privada, con crecimiento, empleo y bienestar.
Por eso, junto a Mauricio y los gobernadores de Juntos… pic.twitter.com/G7rRXteXeL
Jorge llegó acompañado de su ministro de Hacienda, Gustavo Arengo, el encargado de ejecutar esa agenda desregulatoria que tanto le gusta al peluca. Mauricio, por su parte, llevó a Fernando de Andreis, su fiel escudero, como para demostrar que aunque no pise la Ciudad seguido, el poder todavía lo maneja él desde la distancia. Y ahí está el primer problema: el jefe de Gobierno quiere ser el dueño del tablero porteño, pero su primo sigue creyendo que es el capitán del barco y que todos los demás reman al ritmo que él marca. La reunión fue tensa, aunque los voceros oficiales dijeron que todo era miel sobre hojuelas y que el vínculo sigue siendo excelente. Por supuesto, porque en el PRO siempre son una familia feliz hasta que alguien se anima a decir la verdad.
La cuestión de fondo es que Jorge Macri aprendió la lección después del palazo de mayo del 2025, cuando los libertarios le comieron el tuétano en la Ciudad y le demostraron que el electorado que el PRO cuidó como un tesoro durante 18 años ya no es tan fiel. Ahora el primo menor quiere repetir la fórmula de la alianza con LLA, aunque eso signifique subirse al ring de una interna o compartir boleta con los mismos que hace dos años los ninguneaban. "No hay que descartar un acuerdo para no volver al pasado", dijo Jorge la semana pasada, como si el pasado fuera solo el kirchnerismo y no también su propia historia de gestiones que dejaron una Ciudad cada vez más desigual, con villas que crecen y una clase media que ya no llega a fin de mes.
Pero Mauricio no quiere oír hablar de internas ni de ceder espacios. El expresidente tiene su propia hoja de ruta: reconstruir el PRO como una fuerza competitiva, coquetear con la candidatura presidencial aunque sea a regañadientes, y sentarse a negociar con los Milei desde una posición de poder que ya no tiene. La encuesta de Isasi-Burdman le dio un respiro: sin el PRO, Milei saca 39 puntos contra 23 del peronismo; con Mauricio en la cancha, el libertario cae a 35 y el macrismo araña 10. Esos números son la única moneda de cambio que le queda al tandilense para sentarse en la mesa y exigir que la Ciudad siga siendo del PRO. Pero mientras él sueña con una negociación nacional, Jorge ya está negociando en la Legislatura porteña con los libertarios para que le aprueben proyectos, porque en el recinto el oficialismo es minoría y necesita sí o sí los votos violetas para seguir gobernando.
El papelón más grande es que el PRO se ha convertido en una suerte de imitación berreta de La Libertad Avanza, aplicando recetas que ya son marca registrada del gobierno nacional pero con el agregado de que las venden como propias. Arengo eliminó trámites, redujo impuestos y achicó la planta estatal al nivel más bajo en diez años, todo muy lindo, pero los libertarios le reclaman a Jorge que se quiere llevar los aplausos por proyectos que no son suyos, como la adhesión al RIGI o el RIMI CABA. Y tiene razón: el jefe de Gobierno está tan desesperado por mostrarse alineado con el ajuste que terminó siendo un calco del liberalismo, pero sin el carisma de Milei ni la locura de Karina.
Mientras tanto, en la vereda de enfrente, el peronismo se frota las manos. Saben que si los Macri no se ponen de acuerdo y los libertarios se van por su lado, el bastión porteño queda partido en tres y cualquier cosa puede pasar. Y ahí aparece el nombre de Horacio Rodríguez Larreta, el exjefe de Gobierno que el PRO descartó como un trapo sucio pero que ahora vuelve a sonar como posible fichaje del PJ para ampliar el frente. Qué ironía: el hombre que gobernó la Ciudad durante ocho años puede terminar siendo el salvavidas del peronismo mientras los primos se pelean por ver quién es más amigo de Milei.
El final de esta historia es incierto, pero hay una certeza: el PRO ya no es el partido hegemónico de la Ciudad, y los Macri lo saben. Mientras Jorge apuesta a una alianza con LLA para no quedar en el camino, Mauricio juega a la carta de la negociación nacional con la esperanza de que el apellido todavía pese más que las encuestas. Pero el tiempo corre, las diferencias se profundizan y el electorado porteño, que alguna vez fue cautivo del macrismo, ya no compra discursos repetidos ni gestos vacíos. Si los primos no se ponen las pilas, el 2027 puede ser el año en que el PRO pierda la Ciudad para siempre, y esta vez no habrá primos ni Ecoparque que los salve.
