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Miércoles 11 de Marzo de 2026

Orden selectivo

Denunciás acoso y te echan: el “orden” de Jorge Macri en CABA

Mientras la ciudad vende “seguridad y control”, una trabajadora del subte terminó afuera por señalar a un policía: el mensaje es simple… y bien mafioso.

20 de Enero de 2026

Araceli Pintos, trabajadora del subte, fue despedida después de denunciar el acoso que sufría por parte de un policía de la Ciudad, fuerza que depende del gobierno porteño de Jorge Macri. Y en la capital del “orden”, lo que se ordenó rápido no fue el problema, sino a la denunciante: afuera.

Sus compañeras no solo lo denuncian: exigen su reincorporación inmediata. Porque Araceli no es un “caso mediático”, es una laburante, sostén de hogar y mamá de dos hijas, que pasó de hacer su trabajo a quedar marcada por hacer lo que corresponde: decir “me acosan”.

Y acá está el corazón del asunto: cuando el gobierno porteño te vende “control”, muchas veces lo que está ofreciendo no es seguridad para la gente común, sino impunidad para los de uniforme y castigo para quien se anima a hablar. La Ciudad que se jacta de tener “gestión” y “protocolo” termina pareciéndose a esos lugares donde el que denuncia se convierte en el problema, y el problema se convierte en “tema cerrado”.

Porque mientras el discurso oficial repite “el orden y la seguridad no se negocian”, la realidad parece agregar una letra chica: el orden se impone, y la dignidad se negocia… si te animás a reclamar.

Lo que pasó con Araceli es el manual del disciplinamiento moderno, versión PRO: no hace falta apretar con pasamontañas si se puede apretar con despidos, traslados, hostigamiento y silencio administrativo. Y si el acusado es un policía, mejor todavía: el sistema se protege a sí mismo como si fuera una cofradía.

Y encima, el clima general que rodea a la Policía de la Ciudad no ayuda. La gestión porteña viene reforzando un mensaje de “mano firme” y “control”, sumando herramientas y operativos que buscan mostrar autoridad, pero que muchas veces terminan en polémicas, abuso de poder o escenas que dejan más dudas que tranquilidad.

En criollo: te prometen una Ciudad “segura”, pero si sos laburante y denunciás algo adentro del sistema, descubrís que la seguridad está garantizada… para el poder. Para el resto, hay un orden raro: el de callarse y bancársela.

Hoy, las compañeras de Araceli están haciendo lo que el gobierno no hace: poner la cara. Porque si el mensaje de la Ciudad es “denunciá”, pero el resultado es “te echan”, entonces no es una política de género ni de seguridad: es un cartel luminoso que dice “acá no se jode con la institución”.

 

Y el problema no es solo Araceli. El problema es lo que viene atrás: la advertencia silenciosa para todas. Porque cuando una denuncia de acoso termina en despido, el resto entiende clarito cuál es el protocolo real: no el que está escrito, sino el que se aplica.

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