Otra vez con el “manual del buen gobernante”
El intendente Alak frena la licitación de los micros y deja a los platenses a pata, mientras la oposición pide que muestre los pelos de la mano
El intendente platense frena la licitación por “cambios económicos”, pero la oposición exige datos sobre frecuencias recortadas, sanciones a empresas y el verdadero estado del caos vehicular que dejó su gestión.
25 de Agosto de 2026
Mientras el intendente Julio Alak se toma un respiro en su escritorio, los pasajeros de La Plata siguen haciendo malabares para subirse a un micro que, en muchos casos, parece un espejismo. La oposición, encabezada por La Libertad Avanza, decidió dar un paso al frente y pedir informes, porque hasta ahora el único informe que circula es el de la propia intendencia, donde todo parece funcionar a la perfección aunque los colectivos no pasen. La gestión del ex ministro de justicia, devenido en gestor del caos vehicular, descubrió que el mundo cambió desde que escribieron los pliegos. Más precisamente, que los costos no son los mismos, pero también que la mesa de los empresarios del transporte está llena de asientos vacíos, porque nadie quiso venir a jugar a su monopolio.
El pedido de los concejales liberales es una invitación a que Alak saque la lupa y cuente si las empresas que se quejaron por los subsidios en abril tienen algún tipo de sanción real, o si solo se limitaron a hacerles una gauchada con una palmadita en la espalda. Porque la realidad, esa que duele, muestra que los micros se tomaron licencia y los pasajeros quedaron varados como turistas en un país sin rutas. Los ediles preguntan por los usuarios afectados, por las líneas que siguen con horarios de siesta y por qué la Comuna, en lugar de multar con firmeza, optó por mirar para otro lado mientras las empresas bajaban las persianas virtuales.
Alak, con su estilo de manual peronista, ahora dice que hay que “revisar” todo. Esa palabra mágica que siempre usan cuando la realidad se les escapa de las manos. Revisar no es solucionar; es ganar tiempo mientras los bultos se acomodan en la bodega del poder. Su informe municipal es una joya de la burocracia: admite que el escenario cambió, que el régimen de compensaciones de la provincia ya no es el mismo y que la SUBE tiene nuevas reglas. Pero no dice quién pagará los platos rotos. Por supuesto, al final siempre termina pagando el que espera el bondi bajo la lluvia, mientras los concejales opositores huelen la sangre y piden facturas, papeles y pruebas de que alguien, alguna vez, hizo algo por el transporte público que no fuera una foto para las redes sociales.
El argumento de la “falta de competencia” es otro clásico del riñón peronista: convocar a una licitación donde sabés que solo se van a presentar los de siempre, y después llorar porque no hubo variedad. Es como hacer una cena y quejarse de que solo vinieron los amigos del dueño de casa. Alak se encontró con el espejo de su propia gestión: un sistema donde los empresarios saben que, con llorar un rato, consiguen que el Estado afloje la mano. La decisión de frenar todo es la confesión de un fracaso administrativo; es la admisión de que diseñaron un pliego que no se ajusta a la realidad porque, como buenos estrategas del peronismo, pensaron que el mundo se iba a congelar mientras ellos decidían cómo repartir las concesiones.
Mientras tanto, la solución que ofrece el intendente es “provisorio”. Un régimen transitorio que suena a los tiempos eternos del peronismo, donde lo provisorio dura décadas y lo urgente se resuelve con anuncios vacíos. Porque está claro que, si las concesiones vencieron a fines de 2025 y ya pasaron varios meses, el Estado municipal sigue operando como un pulpo desorientado, alargando los brazos hacia las empresas amigas para que sigan facturando sin demasiadas preguntas. La oposición, con su pedido de informes, intenta sacar a la luz lo que Alak esconde bajo la alfombra: ¿cuánto dinero se perdió? ¿cuántos usuarios se quejaron? ¿cuántas sanciones quedaron en el cajón?
Los números fríos dicen que el boleto ya supera los mil pesos y que el sistema se tambalea. Pero el intendente, fiel a su escuela política, parece más preocupado por el relato de la “revisión” que por la gente que llega tarde a su trabajo. La bicicleta financiera del transporte sigue girando, pero para los pasajeros, el único que pedalea es el que corre atrás del colectivo que no frenó. Mientras Alak y su equipo se encierran a calcular kilómetros y personal, la ciudad sigue esperando que alguien, en lugar de frenar, acelere las soluciones. El problema no es el escenario económico, es la falta de huevos para tomar decisiones que no pasen por la aprobación de los barones del concreto.
