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Martes 23 de Junio de 2026

Interna peronista en llamas

Escándalo con Julio Alak: el intendente que debe el cargo a Cristina y le pagó con un acto paralelo en Parque Lezama

El intendente platense organizó un acto paralelo al banderazo de Parque Lezama y dejó al descubierto la grieta que parte al peronismo en dos.

22 de Junio de 2026

El sábado 20 de junio no fue un día cualquiera para el peronismo bonaerense. Mientras un puñado de militantes se congregaba en Parque Lezama para reclamar la liberación de Cristina Fernández de Kirchner, el intendente de La Plata montaba su propio escenario a pocas cuadras. La coreografía estaba tan ensayada como predecible. Julio Alak, el mismo que debe su boleto a la bendición de los Fernández y de La Cámpora, decidió que era momento de demostrar quién manda en su territorio.

El problema para Alak es que el territorio ya no es el mismo de 2019. Axel Kicillof creció, se fortaleció y dejó de ser aquel ministro dócil que miraba hacia el sur desde su despacho. Hoy el gobernador tiene su propia tropa, su propia agenda y, sobre todo, su propia forma de entender el poder. Y esa forma no pasa por arrodillarse ante la mesa chica de Cristina cada vez que asoman los reflectores.

Montar un acto paralelo a una movilización que pedía la libertad de la lideresa no fue un error de cálculo. Fue una declaración de guerra disfrazada de gesto de lealtad. Porque Alak sabe que el cristinismo puro, el de los Moyano y los Wado de Pedro, ya no tiene el control absoluto de la provincia. El intendente platense intentó hacer un guiño a la vieja guardia mientras medía fuerzas con un Kicillof que ya no pide permiso para hablar.

La jugada tiene un olor a desesperación que no se disimula con banderas ni con discursos ensayados. Alak llegó a la intendencia gracias a ese beso de Cristina y Máximo que en el peronismo vale más que cualquier currículum. Pero el poder se mueve rápido y los favores políticos tienen fecha de vencimiento. Hoy el intendente necesita mostrar músculo propio porque sabe que en la pelea por la sucesión provincial no hay lugar para los tibios.

Lo más patético del sábado fue ver a un intendente montar un escenario alternativo en lugar de subirse al que ya existía. La Plata es su ciudad y sin embargo prefirió jugar al palco paralelo antes que compartir tribuna con los que hoy le disputan el relato. Esa es la foto que quedó grabada mientras los militantes de Parque Lezama coreaban consignas que Alak escuchaba desde la distancia estratégica de su propio acto.

El mensaje es claro para cualquier observador con dos dedos de frente. Alak se subió al ring de la interna peronista y eligió su esquina antes de que sonara la campana. El problema es que en esta pelea los rounds los define Kicillof y el gobernador tiene la velocidad y el peso para noquear a cualquiera que se le cruce. El intendente platense puede tener el apoyo de La Cámpora pero le falta el respaldo territorial que solo se construye con gestión y no con gestos vacíos.

Los números cantan y la realidad no perdona. La provincia de Buenos Aires necesita obras, seguridad y una administración que no se pierda en sus propias divisiones. Mientras Alak se entretiene en su guerra de banderas, los vecinos de La Plata preguntan por qué las calles siguen rotas y los hospitales esperan insumos que nunca llegan. El intendente eligió su batalla y no fue la que los platenses esperaban.

El sábado quedó claro que el peronismo tiene dos corazones latiendo al mismo ritmo pero en direcciones opuestas. Alak puso su cuerpo y su estructura al servicio de una causa que no era exactamente la misma que la de Kicillof. En el medio de esa danza de lealtades cruzadas, el intendente platense demostró que su principal preocupación no es gobernar sino sobrevivir a la tormenta que se avecina.

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