Subte bajo agua
¿Jorge Macri inaugura un nuevo spa subterráneo? Se inundó la estación Pueyrredón
La estación Pueyrredón de la línea D terminó completamente inundada y ambos andenes quedaron cubiertos de agua. Mientras el subte se transforma en pileta pública, la gestión porteña vuelve a exhibir su versión más acuática de la “eficiencia”.
9 de Marzo de 2026
La escena parece sacada de una postal tropical, pero no ocurre en Cancún ni en un parque acuático: pasa en pleno corazón de Buenos Aires. La estación Pueyrredón de la línea D terminó completamente inundada, con ambos andenes repletos de agua, en una situación que generó preocupación entre usuarios por el riesgo que implica circular en esas condiciones dentro de una infraestructura eléctrica y cerrada.
@AguanteCerebro ???URGENTE ???
— TommyBoy (@rockmetommyboy) March 9, 2026
TERMINO DE INUNDARSE LA ESTACION PUEYRREDON DE LA D, AMBOS ANDENES COMPLETAMENTE REPLETOS DE AGUA, ES UN PELIGRO pic.twitter.com/3huGsf9Kl3
El episodio dejó una imagen difícil de disimular para la administración porteña: andenes convertidos en una verdadera laguna subterránea, con el agua acumulándose en un espacio donde miles de personas circulan todos los días. En un sistema donde conviven cables, señalización eléctrica y grandes flujos de pasajeros, la escena no es solo absurda: también es peligrosa.
Mientras tanto, desde el despacho de Jorge Macri, el jefe de Gobierno que heredó la ciudad con el sello PRO de “gestión eficiente”, todavía queda la incómoda pregunta que sobrevuela cada filtración, cada estación cerrada y cada escalera mecánica fuera de servicio: ¿cómo se explica que una de las redes de subte más antiguas de América Latina siga funcionando con problemas estructurales dignos de otra época?
La línea D, que conecta algunos de los corredores más transitados de la ciudad, vuelve a quedar en el centro de las críticas. La imagen de los andenes completamente cubiertos de agua no solo expone un problema técnico puntual, sino también un clásico porteño: promesas de modernización que chocan contra la realidad cada vez que llueve fuerte, se rompe una bomba o simplemente falla el mantenimiento.
En la superficie, el discurso oficial suele hablar de obras, inversiones y mejoras. Debajo de la tierra, en cambio, el panorama parece más cercano a una piscina improvisada que a un sistema de transporte moderno. Y cuando el subte se transforma en un estanque, la pregunta ya no es si hay demoras: es si el sistema sigue siendo seguro.
Porque en Buenos Aires el subte debería llevar pasajeros. No convertirse en una pileta pública involuntaria cada vez que algo falla.
