Polémica
Las mujeres que salvan vidas no llegan a fin de mes, pero el sueldo de Alak sí llega intacto
La Secretaría de Mujeres, un área clave contra la violencia de género, tiene a su personal cobrando sueldos de pobreza mientras el intendente peronista repite en miniatura el libreto de ajuste que tanto criticó.
14 de Agosto de 2026
El miércoles, las trabajadoras de la Secretaría de Mujeres y Diversidad de la Municipalidad de La Plata se juntaron en asamblea para contar monedas. No para la cooperadora, sino para saber cómo llegan a fin de mes con salarios que el INDEC ya ubicó bajo la línea de pobreza. Mientras tanto, Julio Alak, el intendente que llegó con el manual peronista bajo el brazo, aplica con devoción litúrgica el mismo recetario de ajuste que supo repudiar cuando venía de la oposición. Qué casualidad.
El punto más grueso del conflicto es el famoso "riesgo de calle", un ítem que en la teoría compensa a quienes trabajan en terreno asistiendo a víctimas de violencia de género, pero que en la práctica municipal se evaporó como el sueldo de un jubilado en diciembre. Sin previo aviso, sin explicación, sin ese famoso "diálogo social" que tanto pregonan desde el partido de la patria. El descuento llegó como un golpe bajo a quienes ya viven en el ring con las cuerdas al cuello. Cobrar menos de lo que marca la canasta básica mientras atendés a mujeres que huyen de sus agresores tiene un nombre: cinismo institucional.
La precarización en esta área no es un detalle menor. El 75 por ciento del personal está en condición de precariedad laboral, una estadística que convertiría en un monumento a la hipocresía cualquier discurso sobre "derechos adquiridos" o "conquistas laborales". Es más, mientras el municipio abrió un ciclo de capacitación obligatoria para el personal, las aulas virtuales no se traducen en pesos en el bolsillo. Capacitación sí, pero para callar bocas. Plata, ni para el colectivo.
Las trabajadoras vienen reclamando desde hace rato. Pase a planta permanente, recategorización, condiciones dignas. Pero en la Municipalidad de La Plata parece que las únicas categorías que se mueven son las del campeonato de fútbol del fin de semana. "A igual tarea, igual remuneración" es una frase que en la cabeza de Alak debe sonar a chino mandarín, porque si no, no se entiende cómo es posible que trabajadoras que atienden casos de femicidio en la provincia con el índice más alto de muertes por violencia de género cobren sueldos de empleada doméstica sin antigüedad.
El argumento municipal, seguramente, será el de siempre: "No hay plata". La misma cantinela que usan los gobernantes peronistas cuando les conviene, esa que suena a mantra mientras se destinan millones a carteles con la cara del intendente, a shows en festivales populares o a contrataciones de asesores que aparecen en los recibos de sueldo como por arte de magia. Que Alak no se sorprenda después cuando las víctimas de violencia tengan que esperar meses una atención porque las profesionales están haciendo Uber para pagar el alquiler.
Las trabajadoras, dignas, se declararon en asamblea permanente. Y ahí está la paradoja de este país: las que defienden a las más vulnerables son las primeras en ser vulneradas por el propio Estado. La Secretaría de Mujeres, que debería ser un bastión de protección, se convierte en un espejo de la precarización que atraviesa a todo el empleo público provincial. Alak, que prometió "gestión", entrega "ajuste" con envase de amor peronista.
La pregunta que queda flotando, con olor a café quemado en la oficina municipal, es simple: ¿cuánto más van a apretar antes de que el propio discurso se les desmorone? Porque el libreto nacional es el mismo: ajuste, ajuste, ajuste, pero cuando el ajuste viene desde la Rosada parece "programa de estabilización", y cuando lo aplica un intendente periférico parece "ineficiencia de la gestión anterior". Qué cómodo es todo cuando tenés el control de la narrativa, ¿no?
Mientras tanto, La Plata, la ciudad que vio nacer a tantos políticos de carrera, asiste al espectáculo de un intendente que se aprieta el cinturón pero con la billetera del otro.
