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Viernes 6 de Febrero de 2026

Negocio redondo

Rampas de oro: Jorge Macri y el arte de rehacer mal

El Gobierno porteño destina casi 7.600 millones de pesos a “mantenimiento integral” de rampas y vados, una obra eterna que nunca termina de hacerse bien y siempre vuelve a licitarse.

6 de Febrero de 2026

7597 millones de pesos. No para construir algo nuevo, no para ampliar derechos, no para resolver un problema estructural, sino para volver a tocar lo que ya debería estar hecho. Bajo la gestión de Jorge Macri, la Ciudad de Buenos Aires vuelve a poner en marcha el loop perfecto: hacer mal, romper, rehacer y volver a contratar.

La licitación pública número 7162-0096-LPU26, impulsada por el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, habla de “mantenimiento integral de vados y rampas”. Traducido al idioma de la calle: arreglar lo que ya se arregló varias veces y sigue sin servir. Rampas que no cumplen normas, pendientes imposibles, baldosas que se levantan a los pocos meses y esquinas que parecen trampas más que accesos.

El presupuesto oficial, 7.507.535.699,64 pesos, no es un detalle técnico: es el corazón del asunto. Porque cuando una obra necesita mantenimiento constante, año tras año, algo no falla por accidente. Falla por diseño. O mejor dicho, funciona exactamente como conviene: licitación abierta, pliego sin costo, reuniones informativas, expedientes prolijos y una caja que nunca se cierra.

Mientras tanto, la Ciudad que se vende como moderna, eficiente y “de primer mundo” sigue teniendo rampas que no usan ni las personas con movilidad reducida ni los carritos ni las bicicletas. Pero eso sí: el expediente está impecable, el boletín oficial publicado y la rueda girando. En el macrismo versión porteña, la accesibilidad es una excusa administrativa, no una política pública.

 

El apellido no es casual. Donde antes fue vereda, ahora es rampa mal hecha; donde fue rampa, ahora es vado rehecho; donde fue gasto, ahora es negocio recurrente. No hay escándalo, no hay sobresaltos, no hay denuncias épicas. Solo una lógica aceitada: obras que no se terminan nunca porque terminar bien sería el verdadero error.

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