Hambre real
Alak recicla promesas y tira 400 cartoneros al tacho de la licitación en La Plata
Mientras el peronismo platense se llena la boca con "la economía popular", el intendente les arranca el pan de la mesa a los recicladores con una privatización express.
6 de Julio de 2026
El intendente Julio Alak, ese funcionario kirchnerista que supo ser ministro de Justicia durante el gobierno más corrupto de la historia argentina, encontró una nueva forma de demostrar su compromiso con los humildes: echarlos a la calle y poner su fuente laboral en manos de privados. Porque nada dice "progresismo" como licitar el sustento de 400 familias mientras uno se lava las manos desde el despacho municipal.
La Municipalidad de La Plata resolvió rescindir un convenio que llevaba más de una década vigente con las cooperativas de recicladores urbanos, un vínculo que los mantenía vinculados al Estado local y les garantizaba ingresos dignos. Pero como todo lo que huela a derecho adquirido molesta a la nueva camada del peronismo moderno, Alak decidió que era momento de "reestructurar" y llamar a licitación para que empresas tercerizadas se queden con el negocio del reciclado. ¿El resultado? 400 trabajadores sin sustento, mientras los funcionarios siguen cobrando sus sueldos blindados.
Los cartoneros, carreros y recicladores, esa masa invisibilizada que mantiene limpia la ciudad mientras los políticos se fotografían con árboles plantados para la foto, se plantaron frente al Palacio Comunal. Exigen que el municipio los incorpore en el pliego de licitaciones, que no los deje afuera del juego. Pero la comuna, fiel a su estilo, parece haber entendido que la basura es negocio, no derecho.
Lo curioso del caso es que el reciclado, según fuentes de UTEP, quedó fuera de las propuestas del pliego. Es decir, Alak decidió que limpiar La Plata no incluye reciclar, una lógica tan perversa como la de un enfermo que se niega a tomar el remedio. Mientras tanto, funcionarios municipales, en encuentros informales que huelen a parche, ofrecieron vales o tarjetas de alimentos a los trabajadores. Porque nada calma el hambre de justicia como un ticket de supermercado, ¿no?
Los testimonios son elocuentes. Jesica, una de las manifestantes, contó que les dijeron sin vueltas que "a ellos no les interesa el reciclado". Traducción: la gestión ambiental es un verso para los carteles, la plata es lo que importa. Maximiliano, otro trabajador, pidió que los reconozcan, que los dejen trabajar. Pero la lógica peronista es otra: si no engrosás las filas del partido, no existís.
Mientras Alak firma decretos y se saca fotos con la comunidad, los recicladores quedan en la vereda de enfrente, mirando cómo su fuente laboral se esfuma como el humo de un asado peronista. La misma dirigencia que se llenó la boca con la "economía popular" durante años hoy les dice que el reciclado no es prioridad. ¿Prioridad? Claro, como las causas judiciales de sus jefes políticos. Eso sí es prioritario.
