Rosca sin disimulo
Condena arriba, ambición intacta: Alak arma su safari bonaerense con el sello de Cristina para escupirle el asado a Kicillof
El intendente de La Plata viajó a Pehuajó para tejer alianzas con Zurro, uno de los más fieles al kirchnerismo duro, mientras instala su candidatura a gobernador 2027 entre convenios y fotos políticas.
23 de Abril de 2026
Mientras la provincia acumula problemas estructurales que nadie termina de resolver, Julio Alak decidió que era momento de salir a “caminar” el territorio. No para explicar cómo va a ordenar su distrito, sino para mostrarse como candidato a gobernador en 2027, con una lógica bastante conocida en el peronismo: primero la rosca, después, si hay tiempo, la gestión.
Junto al intendente Pablo Zurro firmamos hoy un convenio por el cual estudiantes de Pehuajó visitarán la República de los Niños para participar de los programas educativos y recreativos.
— Julio Alak (@Julio_Alak) April 20, 2026
Por su parte, el Municipio de Pehuajó, que ha diseñado un gran sistema administrativo y de… pic.twitter.com/lc5EskxTUd
La postal lo muestra recorriendo 409 kilómetros hasta Pehuajó para reunirse con Pablo Zurro, uno de los dirigentes más alineados con Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción y todavía operativa como eje simbólico del espacio. No fue una visita inocente ni técnica: fue un gesto político quirúrgico para meterse en la Cuarta Sección Electoral, una de las zonas que más legisladores reparte por habitante.
La excusa formal fueron dos convenios de cooperación entre La Plata y Pehuajó. En los papeles, se habló de mejorar servicios, compartir experiencias y hasta modernizar la gestión de cementerios. Sí, cementerios. En la práctica, el movimiento suena más a ensayo de campaña que a solución urgente para los vecinos. Porque cuando un intendente necesita que otro municipio le explique cómo administrar algo básico, el problema ya no es técnico, es político.
El nexo del encuentro fue Alberto “Cabezón” Delgado, un histórico del alakismo con vínculos personales con Zurro. La escena tiene todos los ingredientes del viejo manual peronista: amigos de la infancia, favores que se devuelven y una red de lealtades que se activa cuando aparece una candidatura. Nada nuevo bajo el sol, salvo el timing: Alak empezó a ordenar su tropa desde el año pasado, reuniendo ex legisladores y armadores en la Fundación del Plata, como quien junta piezas para un tablero que todavía no tiene elecciones en marcha.
La jugada no es menor. La Cuarta Sección Electoral aporta 14 diputados y 7 senadores provinciales, en un padrón de más de 540 mil votantes distribuidos en 19 distritos. No es turismo político: es matemática electoral. Y en ese mapa, Zurro representa algo más que un intendente, es una referencia del kirchnerismo más ortodoxo, el que todavía responde a Cristina sin matices.
En paralelo, Alak también viene firmando acuerdos con otros distritos como Dolores, en lo que oficialmente se vende como cooperación intermunicipal, pero que en los hechos se lee como una gira anticipada de campaña. La narrativa es prolija: turismo educativo, intercambio cultural, optimización de recursos. El subtexto es más crudo: instalarse, mostrarse, negociar.
El problema es que ese recorrido convive con una contradicción incómoda. Mientras el kirchnerismo intenta reconstruirse tras una condena que golpeó directo a su conducción histórica, sus dirigentes siguen actuando como si el poder fuera una estación obligatoria y no una consecuencia de la gestión. Y ahí Alak no desentona: juega a ser renovación, pero se apoya en las mismas estructuras, los mismos nombres y la misma lógica de siempre.
En definitiva, más que “caminar la provincia”, lo que se vio fue otra escena del manual político argentino: fotos, acuerdos y señales internas en un tablero donde lo importante no es qué se firma, sino con quién se aparece.
