Los libertarios se sacaron la lotería
Jorge Macri le entregó el Canal de la Ciudad al socio del Gordo Dan por una fortuna mensual
Jorge Macri concesiona la señal pública al socio del "Gordo Dan", mientras el empresario Augusto Marini ya cobra del Estado por arreglar trenes y vender salud virtual.
24 de Junio de 2026
El PRO sigue sin entender que gobernar no es repartir la torta entre los amigos. Jorge Macri, primo de ese otro Macri que ya sabemos cómo terminó, acaba de consumar la enésima entrega de bienes del Estado a manos privadas con el sello inconfundible del amiguismo.
? Cuestionan a Jorge Macri por la recomendación de adjudicar el Canal de la Ciudad a Cale Group. La empresa de Augusto Marini, vinculado societariamente con Daniel "Gordo Dan" Parisini, presentó la oferta más alta y quedó recomendada en la licitación. pic.twitter.com/wskTSiNBxD
— grupo periodismo (@grup_periodismo) June 25, 2026
La Comisión de Evaluación de Ofertas, ese organismo que debe tener los ojos vendados o el bolsillo agradecido, resolvió que el Canal de la Ciudad pase a manos de Cale Group, cuyo dueño, Augusto Marini, tiene como socio accionista a Daniel "Gordo Dan" Parisini, el influencer libertario que se volvió famoso por hacer "La Misa" mientras los jubilados comen polenta.
La oferta de Cale Group fue de 50 millones de pesos mensuales, cinco veces más que el piso del pliego y más del triple que lo que ofreció su competidor. Pero cualquiera que haya visto alguna vez una licitación en este país sabe que las cifras astronómicas no son más que el disfraz para la adjudicación directa.
Es el mismo truco de siempre: se infla el número para que parezca impecable, mientras por detrás el negocio real está en los contratos paralelos, en las ampliaciones presupuestarias, en los sobreprecios que nadie controla. Macri hijo del PRO, aprendiz de su primo, repite la clase magistral de cómo vaciar el Estado con protocolo republicano.
Augusto Marini tiene 30 años y ya es dueño de un holding que abarca desde alimentos para mascotas hasta trenes, pasando por energía, salud y medios de comunicación. Es el sueño del pibe emprendedor, claro, siempre y cuando el emprendimiento consista en hacerse millonario con contratos estatales y asociaciones con los militantes digitales del oficialismo.
Su empresa Motora Argentina ya se llevó 3,8 millones de dólares en repuestos para trenes gracias a la "emergencia ferroviaria", esa figura mágica que permite comprarle a los amigos sin pasar por la vergüenza de la competencia. Y no fue la primera vez: antes ya había facturado por frenos y reparaciones, siempre con el mismo argumento de que ofertaron mejor precio, como si el precio fuera lo único que importa cuando el que evalúa las ofertas es el mismo que después le da la mano al empresario en los eventos de moda.
Lo más grotesco del asunto es la doble militancia ideológica de Marini, que se jacta de tener un pie en el mundo K y otro en el universo libertario. Es dueño de Blender, el canal donde desfila el peronismo light de Tomás Rebord, y también de Carajo, el espacio donde el Gordo Dan le hace la venia a Santiago Caputo y al propio Javier Milei. Esta dualidad no es una contradicción, es la esencia del nuevo capitalismo vernáculo: no importa de qué lado estés, siempre que el Estado te pague.
El empresario se reunió con Máximo Kirchner en sus oficinas y también compartió primera fila con el estratega presidencial en un show del Gordo Dan. Es como ver a un camaleón en una ferretería: cambia de color según el cliente que tenga enfrente, pero el negocio es siempre el mismo.
El Gordo Dan, por su parte, es el ícono digital del oficialismo libertario, el encargado de viralizar las ocurrencias presidenciales y de darle un tono de barrabrava a la comunicación política. Que Jorge Macri le regale el canal de la Ciudad a su socio no es una casualidad, es un gesto de lealtad al núcleo duro del gobierno nacional, una forma de pagar el favor con el favor, una demostración de que el PRO aprendió a bailar el ritmo de Milei aunque la música no sea la que bailaban antes. Macri, que llegó a la Ciudad prometiendo transparencia, termina haciendo exactamente lo mismo que criticaba: repartiendo medios públicos entre los amigos del poder.
El propio Marini intentó despegarse de las críticas con una declaración que merece el premio a la hipocresía del año: "Hay una fantasía de que si soy el dueño de Carajo, soy socio del Presidente; que si me presento a una licitación de la Ciudad, soy amigo de Jorge Macri".
Por supuesto, nadie dice que sea amigo personal, lo que se dice es que es socio del amigo del Presidente y que sus empresas ya cobran del Estado nacional y ahora también lo harán del Estado porteño. La fantasía no es de los periodistas, señor Marini, la fantasía es pensar que alguien se cree que su holding multimillonario creció por puro mérito empresarial en un país donde sin el Estado no crece ni el pasto.
El expediente de Marini incluye también negocios en Misiones con el ex gobernador Carlos Rovira, donde vendió servicios de telemedicina a través de Alegramed. El patrón es tan repetido que aburre: empresa creada al calor de una oportunidad política, contrato con el Estado de turno, ampliación del negocio a otras provincias, y finalmente el salto a los medios de comunicación como herramienta de lobby y de construcción de poder.
Es el manual del nuevo empresario argentino, el que entiende que el verdadero negocio no está en vender productos o servicios, sino en administrar la cercanía con los funcionarios.
Mientras tanto, el Canal de la Ciudad, que debería ser un espacio para la diversidad de voces y para la comunicación pública, se convierte en un nuevo bastión del streaming militante. La gestión de Macri, que prometió terminar con el financiamiento estatal de los medios porteños, encontró la manera de seguir financiándolos, pero ahora a través de concesiones que pagan los vecinos con sus impuestos y que terminan engrosando los bolsillos de los amigos del poder.
Es la argentinidad al palo: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, o en este caso, privatizar el canal y socializar el costo de mantenerlo mientras los empresarios se llevan el negocio de la pauta publicitaria que el mismo Estado les garantiza.
Al final, lo que queda en evidencia es que el PRO de Jorge Macri no es más que una versión actualizada del peronismo que tanto critican. El cambiazo es perfecto: en lugar de la Cámpora, los pibes de La Libertad Avanza; en lugar de los contratos con Lázaro Báez, los contratos con los amigos del streaming; en lugar de la televisión pública militante, el streaming militante con financiamiento estatal. El nombre cambia, el libreto es el mismo, y el que siempre pierde es el contribuyente que mira por la ventana mientras los dueños del poder se reparten el pastel.
