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Viernes 21 de Agosto de 2026

Cada vez más caros

Jorge Macri proyecta recaudar 377.883 millones de pesos en peajes pese a una caída del 1,5 por ciento en el tránsito

CABA recauda 46 por ciento más mientras los conductores pagan la fiesta de un presupuesto que no conoce de crisis.

20 de Agosto de 2026

La noticia la dio el presupuesto de AUSA para 2026, aprobado por el gobierno de Jorge Macri, y no es para menos: la Ciudad de Buenos Aires proyecta una recaudación récord en peajes de 377.882,9 millones de pesos, un 46,1 por ciento más que el año pasado. Todo esto mientras el tránsito pagante cayó un 1,5 por ciento. Parece magia, pero no, es ajuste tarifario puro y duro: las subas estipuladas mes a mes hacen el trabajo sucio y compensan con creces la falta de autos. Si hay menos gente circulando pero más plata entrando, la ecuación es sencilla: el bolsillo del contribuyente es el que pone el hombro.

Los registros oficiales son elocuentes. En 2025 pasaron por los peajes 114,35 millones de vehículos y este año serán 112,6 millones. La caída no es un drama porque el gobierno porteño encontró la fórmula mágica: aumentar las tarifas por encima de cualquier lógica de demanda. El ajuste es la clave, y no importa que los autos disminuyan, porque los ingresos crecen igual. Esa es la nueva matemática PRO: menos tránsito, más recaudación, y si el vecino se queja, que se tome el subte (que también pagan los peajes, según AUSA).

Desde Autopistas Urbanas S.A. salieron al cruce en diálogo con Mosca para aclarar que esto es una proyección y que a fin de año harán el balance final. Por supuesto, siempre hay margen para que los números exactos queden en un cajón o se maquillen con algún ítem extra. Pero lo que no es proyección es la lógica que esgrimen: el 5 por ciento de lo recaudado va a la red de subtes y el 60 por ciento se invierte en obras en la Ciudad. O sea, el conductor paga para que otros viajen en tren y para que el gobierno pueda inaugurar cordones de vereda con su nombre en una placa. El resto, se supone, se pierde en algún pliegue del presupuesto.

La comparación entre periodos no es casual. El nuevo presupuesto de AUSA se aprobó mediante el Decreto 289/26, publicado el 13 de enero en el Boletín Oficial, y ahí está la letra chica que justifica el desfalco silencioso. Las autopistas Avellaneda y Dellepiane son las vacas sagradas. La primera proyecta 174.026 millones de pesos con un tránsito prácticamente estancado (apenas 150 mil pasos menos que en 2025), pero la recaudación salta un 52,8 por ciento. ¿Cómo se explica? Con el manual de la necesidad: el que quiere entrar a la Ciudad por ahí, que pague. Y paga, aunque no quiera.

Dellepiane, por su parte, espera 105.122 millones de pesos con un 4,4 por ciento menos de pagantes. Menos autos, más plata: la recaudación crece un 46,3 por ciento porque el peaje se actualiza como si la inflación fuera una excusa para todo. En la Illia, el cuento se repite: 31,99 millones de pasos contra 33,27 del año anterior, pero los ingresos pasan de 41.016 millones de pesos a 52.243 millones de pesos, un 27,4 por ciento más. El Paseo del Bajo también se sube a la ola: 10 por ciento menos de tránsito y la recaudación trepa a 36.294 millones de pesos. El único que rompe la tendencia es Alberti, con más autos y más recaudación, pero eso es la excepción que confirma la regla del negocio redondo.

El secreto de esta máquina de hacer billetes está en el sistema de actualización mensual de tarifas. Un 2 por ciento mensual más la variación del IPC, y listo. Los peajes están al día con la inflación, cosa que no pasa con los salarios de los que pagan, pero eso es otro tema. La nueva fórmula, según dicen en AUSA, dejó atrás el atraso tarifario. Traducido: ahora cobran lo que siempre quisieron cobrar, sin que ningún control se los impida. La recaudación es previsible y estable, como el llanto del contribuyente cuando ve el descuento en su cuenta.

AUSA gestiona 51 kilómetros de autopistas, entre ellas la 25 de Mayo, Perito Moreno, Illia y Paseo del Bajo, además de accesos gratuitos que algún día quizás también tengan peaje. La empresa es una sociedad anónima, pero el principal accionista es el gobierno de la Ciudad. O sea, el Estado se cobra a sí mismo a través del bolsillo de los ciudadanos. Y mientras las obras se anuncian con bombo y platillo, lo único que crece de verdad es la facturación. Jorge Macri puede festejar los números, porque los autos son cada vez menos, pero la plata, esa no falta.

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