Cada vez más complicado
Vecinos convocaron otro cacerolazo por la inseguridad y Alak queda bajo presión pese a sus anuncios de cámaras
El reclamo reunió a barrios como City Bell, Villa Elisa, El Mondongo, Tolosa, Olmos y Abasto. Mientras el Municipio exhibe inversiones en vigilancia y coordinación policial, los vecinos siguen reclamando más prevención y presencia en las calles.
24 de Agosto de 2026
Este nuevo cacerolazo no fue un hecho aislado de algunos vecinos exaltados. Fue la manifestación de una bronca que se cocina a fuego lento en barrios como El Mondongo, Tolosa, Lisandro Olmos y Abasto. La consigna fue clara y simple: que cada barrio haga escuchar su preocupación. Y vaya que la hicieron sonar.
El problema es que, mientras la gente se organiza por su cuenta porque el patrullaje parece un rumor urbano, el señor intendente Julio Alak debe estar ocupado repasando el manual K de gestión: culpar a la herencia recibida, señalar a la provincia y esperar que el ruido de las ollas se confunda con el de los aplausos.
La pregunta que surge, incómoda y punzante para la gestión de Alak, es sencilla: ¿Cuánto tienen que soplar las cacerolas para que en la Municipalidad dejen de hacerse los distraídos? Porque es cierto, y nadie lo discute, que la seguridad es una competencia de la Provincia y la Policía Bonaerense. Pero ese es el comodín perfecto que usan los políticos mediocres para no ensuciarse las manos. La prevención urbana, el mantenimiento de las luminarias que no se ven, las cámaras que a veces parecen decorativas, la articulación con las fuerzas de seguridad... eso es gestión municipal, señor Alak. No es magia, es laburo.
Es peligroso, y hasta patético, que la inseguridad se convierta en paisaje. Que los vecinos tengan que naturalizar el hecho de mirar hacia atrás cada tres pasos, guardar el celular antes de doblar una esquina o avisar por un grupo de WhatsApp que llegaron bien a casa. Eso no debería ser normal, pero para la gestión de Alak parece ser parte del decorado urbano.
Mientras el intendente se refugia en los despachos o en alguna recorrida con sonrisa de campaña, los vecinos de la Zona Norte no solo reclamaron una vez más, sino que demostraron que el ruido de las cacerolas es mucho más efectivo que el silencio cómplice de una administración que ve como la ciudad se va al tacho.
