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Recomposición bajo discusión

Alak anunció otro 10 por ciento para los municipales y presume ganarle a una inflación que mide hasta un mes antes

La gestión platense asegura que los salarios acumularon una suba del 283 por ciento desde enero de 2024, frente a una inflación estimada del 241 ciento. Pero la comparación oficial enfrenta aumentos hasta agosto con precios medidos solamente hasta julio.

31 de Agosto de 2026

El intendente Julio Alak anunció con bombo y platillo un nuevo aumento del 10 por ciento para los trabajadores municipales de La Plata, un gesto que algunos celebrarán y otros, los que saben sumar, mirarán con la misma fe que se le tiene a un pronóstico del Servicio Meteorológico. En tiempos donde el gobierno municipal se vanagloria de haber superado la inflación acumulada en 41 puntos, conviene recordar que el piso desde donde se parte era tan bajo que hasta un topo podría saltarlo de espaldas, lo cual no es mérito deportivo sino confesión de parte.

La suba acumulada desde enero de 2024 hasta agosto de 2026 alcanza el 283%, una cifra que suena a lotería pero que, descontado el monstruo inflacionario del 241 por ciento estimado, apenas deja un suspiro de 42 puntos de recuperación real, un margen tan ajustado que más parece un acto de fe que un plan de gobierno. No obstante, el intendente Alak insiste en la narrativa de la recomposición, como quien ofrece un vaso de agua en un incendio y espera que le firmen una declaración de héroe, mientras los municipales hacen fila para pagar la cuota del Colegio de Abogados con el mismo sueldo que apenas les cubre el remis hasta el cementerio de la ciudad.

El discurso oficial repite la cantinela de que los aumentos son acumulativos y sobre escalas consolidadas, un tecnicismo que suena a truco de magia pero que en la práctica es tan revolucionario como cambiar el nombre de la avenida 60 a 60 bis. Según la propia gestión, este 10 por ciento adicional sigue “recuperando la pérdida salarial generada en la gestión municipal anterior”, una frase que suena a confesión más que a logro, porque si hay que recuperar es porque antes se perdió, y si se perdió fue porque las políticas aplicadas no fueron las más acertadas.

En efecto, mientras el intendente se pavonea de haber superado la inflación por 41 puntos, conviene no olvidar que el punto de partida fue una herencia tan desastrosa como una cancha de fútbol después del descenso, con un 2023 donde los incrementos apenas rozaron el 82 por ciento frente a una inflación del 211 por ciento, lo que dejó el salario municipal más estirado que el presupuesto de una cooperativa de cartoneros. Ahora, con su 10 por ciento mensual o acumulado, Alak pretende vestir de héroe lo que muchos consideran el mínimo decoro, una estrategia tan previsible como la del puntero que reparte bolsas de comida el día de la elección pero se olvida del resto del año.

Los números no engañan, aunque los discursos intenten disfrazarlos: un incremento salarial que no llega al dígito significativo, otorgado por un intendente que llegó al poder con el rótulo de juez riguroso y que ahora aplica la misma vara de medir, aunque esta vez los medidos sean sus propios empleados y la vara esté más corta que el pensamiento de un militante de La Cámpora. La gestión platense se jacta de su compromiso con los trabajadores, pero ese compromiso parece tener el mismo espesor que el café del Concejo Deliberante, es decir, apenas un manchón sobre un fondo más oscuro.

El intendente Alak, otrora señalado como el operador judicial que firmó la condena a la ex presidenta, hoy se encuentra en el otro extremo del mostrador, administrando migajas y vendiendo esperanza, pero la memoria de los platenses no es tan frágil como los vidrios de la gobernación. Mientras los municipales reciben su 10 por ciento, el costo de vida sigue su marcha imparable, y el intendente se permite el lujo de comparar su gestión con el desastre anterior, como si el consuelo fuera tan válido como el descuento en un remate judicial.

En definitiva, el aumento es real pero miserable, la recuperación es estadística pero insuficiente, y el intendente se regodea en una comparación tan ventajosa como injusta, porque el mérito de no ser el peor no alcanza para llenar el tanque del colectivo, y mucho menos para justificar un discurso que, en el fondo, suena a misma vieja música del poder, aunque ahora con compás de cumbia villera.

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