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Martes 30 de Junio de 2026

Incendio municipal

Alak, el rey del humo: licita, prende fuego y se saca la foto de héroe entre las cenizas de La Plata

Mientras La Plata arde en llamas y delincuencia, el intendente menemista reciclado demuestra que su única obra es el desguace del Estado municipal.

29 de Junio de 2026

La última sesión de fotos de Julio Alak no fue en el despacho ni en un acto de campaña, sino frente a un edificio municipal carbonizado. El ex funcionario de Néstor Kirchner, que ahora se viste de gestión moderna para ocultar su pasado de dinosaurio político, sumó un nuevo ítem a su currículum: la pirotecnia social. Nada más elocuente que un intendente que, ante la falta de dinero para pagar servicios, prefiere que los cooperativistas reciclen su bronca hasta prender fuego la sede del poder. Es la metáfora perfecta de su gestión: si no podés apagar el incendio, al menos sacate una foto heroica con el humo de fondo.

Mientras el centro de monitoreo platense funciona como un adorno de mil millones de pesos mal gastados, Alak decidió que el verdadero peligro no eran los motochorros que asolan Los Hornos, sino los "recicladores" que se animaron a pedir aumento. La respuesta del palacio municipal fue digna de un manual de cinismo: en lugar de sentarse a negociar, salieron con la tanqueta a "cazar gente", como denunciaron los propios trabajadores. Porque en la cabeza del ingeniero del fracaso, es más fácil echar a 200 familias que actualizar un contrato. Total, las tarjetas alimentarias son más baratas que un salario digno, y la foto en el comedor comunitario siempre queda bien para el Instagram de la intendencia.

Pero no se confunda el lector, porque Alak no es un improvisado. Es un veterano de la política que aprendió en el taller de los Kirchner que la mejor manera de tapar un escándalo es con otro más grande. Cuando la oposición le reclama por la seguridad, él saca el cono de humo de los "incidentes violentos". Cuando los vecinos de Villa Elvira piden luminarias, él les muestra el presupuesto "licitado" para limpieza que, oh casualidad, termina siempre en manos de los amigos del partido. La gestión de la crisis es su especialidad: mientras los cooperativistas piden diálogo "urgente", el intendente se toma el tiempo necesario para calcular cuántos puntos de rating le deja un edificio en llamas.

Los 43 millones de pesos en pérdidas por el incendio son apenas un espejo del agujero fiscal que maneja el municipio. Alak, ese admirador confeso de la eficiencia menemista, logró el milagro de tener a todos los empleados municipales cobrando salarios de hambre, mientras la plata se esfuma en la burocracia de las licitaciones fantasmas. Dicen que la plata no alcanza, pero para las campañas de prensa del intendente siempre sobra. La misma comuna que no puede pagar un sueldo digno, resulta que tiene fondos para operativos policiales de alto impacto que terminan incendiendo el propio patrimonio municipal. Es la lógica del helicóptero: para apagar el fuego, tiras más nafta.

Los bloques opositores hablan de "crisis de gobernabilidad", pero eso es un eufemismo. Lo que ocurre en La Plata es el colapso de un modelo que prometió ser la nueva cara de la política progresista y terminó siendo la vieja carcasa del peronismo clientelista. Alak construyó su carrera prometiendo corredores seguros y tecnología de punta, pero lo único que dejó fue un centro de monitoreo que filma el vacío, y unas calles donde los vecinos se atrincheran antes de salir a comprar el pan. La capital de la provincia más rica del país parece un distrito del conurbano profundo, con la diferencia de que acá los responsables se visten de traje y hablan de "modernización del Estado".

Mientras tanto, los cooperativistas detenidos esperan su liberación "inmediata" desde una celda, y los recicladores que se quedan sin trabajo esperan un milagro. Pero Alak no tiene tiempo para milagros: está demasiado ocupado gestionando la narrativa de la catástrofe para que no se note que él es el principal responsable de que el barco se esté hundiendo. La pregunta que sobrevuela el humo platense es si este intendente reciclado de la política nacional tiene algún plan B, o si su única estrategia es esperar que el fuego se apague solo para poder seguir gobernando entre cenizas.

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