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Miércoles 29 de Julio de 2026

Promesa de cartón

Jorge Macri reconoce a los buenos maestros... con un descuento del 30 por ciento en el sueldo

Diez días tardó el PRO en pasar del agradecimiento al ajuste: los docentes de Vacaciones en la Escuela ya estaban dando clases cuando les avisaron que cobrarían menos.

29 de Julio de 2026

El jueves pasado, el jefe de gobierno porteño Jorge Macri inauguró el receso invernal con un discurso meloso: “Vamos a reconocer a los buenos maestros”, dijo, mientras posaba para las fotos junto a chicos con cartucheras nuevas. Para el lunes siguiente, el reconocimiento ya tenía precio de saldo: los docentes del programa Vacaciones en la Escuela recibieron un mail escueto donde les notificaban que el plus acordado en la convocatoria se reducía un 30 por ciento, sin previo aviso, sin asamblea, sin siquiera la cortesía de un llamado telefónico.

El programa, que durante el receso ofrece contención recreativa gratuita a miles de familias que no pueden pagar un viaje ni un club privado, funciona exclusivamente gracias a esos docentes que eligen estar en el aula cuando el resto del sistema descansa. Son ellos los que sostienen el único respiro para padres y madres que trabajan en enero, que no tienen obra social que les cubra una colonia, que necesitan que sus hijos estén cuidados y estimulados mientras ellos salen a bancar el día a día. Ese engranaje invisible, el que nunca sale en los spots de la Ciudad, es el que Macri decidió castigar con el argumento más miserable del manual neoliberal: “Error de cálculo presupuestario”.

Pero el error no es del cálculo, es político. Porque si hay plata para los murales de colores en las escuelas refaccionadas, para las vallas publicitarias con la cara del jefe de gobierno sonriendo, para el operativo de prensa que filma cada migaja de obra pública como si fuera el lanzamiento de un cohete espacial, entonces el recorte no es un error: es una decisión. La misma decisión que toma el PRO cada vez que tiene que elegir entre bancar al docente que está frente al pizarrón o cuidar el déficit fiscal como si fuera un hijo. La misma lógica de ajustar sobre el que está en el territorio mientras los discursos de “reconocimiento” se guardan en un cajón hasta la próxima foto.

Los docentes, que ya estaban dando clases cuando les cambiaron las reglas del juego, no son empleados de una financiera. Son trabajadores que aceptaron un contrato de palabra, que planificaron actividades, que armaron juegos y canciones, que se comprometieron con las familias que más los necesitan. Y a esos les avisan con un correo electrónico frío que su trabajo vale un tercio menos de lo pactado. No es un recorte, es una estafa con membrete oficial. Mientras tanto, el PRO sigue vendiendo gestión, sigue prometiendo “reconocimiento”, sigue cobrándose la foto mientras los docentes cobran la factura.

Por eso esta semana presenté en la Legislatura porteña una declaración de preocupación, no porque los números no cierren, sino porque las prioridades están claramente desordenadas. Porque si el gobierno de la Ciudad tiene recursos para todo menos para cumplir lo que promete, entonces el problema no es el déficit: es la falta de vergüenza. Macri habla de “buenos maestros” pero los mide con la calculadora del ajuste. Y así, mientras los pibes siguen yendo a la escuela, los docentes aprenden la lección más amarga: en el PRO, la palabra vale lo que sobra en el presupuesto.

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