Menos fotos con militantes y más asfalto
De la cuna de la provincia al basural político: el legado K de Alak para La Plata
Mientras el intendente kirchnerista se fotografió con obras que nunca terminan, los vecinos se ahogan en pozos y promesas rotas.
25 de Junio de 2026
Julio Alak llegó a la Municipalidad con el libreto prestado de la política nacional: culpar a otros, abrazar el relato y esconder la basura debajo de la alfombra. Pero los vecinos de La Plata, que no son boludos, ya se cansaron de pisar los mosaicos rotos de una ciudad que el intendente dejó más parecida al conurbano que a la cuna de la provincia.
Acá te dejo la posta, La Plata una ciudad hermosa abandonada por el intendente kirchnerista Julio Alak.
— Jonas E. Vuitra (@JonasEVuitra) June 15, 2026
Después andan llorando cuando pierden elecciones a lo largo y ancho del país. pic.twitter.com/CAozrhY4x7
Las quejas no son caprichos de oposición. Son el termómetro de una gestión que brilla por ausencia en las calles y sobra en los actos con militancia. Porque Alak no gobierna, administra el descontento. Recorre el país llorando derrotas electorales mientras en su propio patio los platos rotos se acumulan y él, como buen discípulo de la escuela de Cristina, se hace el distraído con el informe de gestión.
El intendente prometió una ciudad modelo y entregó un paisaje de obras eternas y expedientes que nunca se resuelven. La Plata es hermosa, sí. Pero hermosa como una quinta descuidada: tiene fachada de estancia y fondo de baldío. Alak pasea su sonrisa de funcionario PRO-K (que es lo mismo con distinto nombre) mientras los vecinos esquivan pozos que ya tienen hasta nombre propio. La gestión municipal parece un concurso de quién la deja más fea, y el intendente va ganando por goleada.
No es casualidad que el kirchnerismo pierda en todos lados. Cuando la gente ve que el intendente se toma licencias para hacer campaña nacional y deja la ciudad a la deriva, el voto castigo no es una profecía, es un boletín de calificaciones. Alak se queja de la falta de recursos, pero los fondos que llegan se evaporan en cartelería militante y en viajes que no figuran en el diario de sesiones.
El problema no es la oposición, Alak. El problema es que gobernás como si la ciudad fuera un mosaico de vidrio: brillante desde lejos, pero cortante cuando la tocás. Y la gente ya no cree en el cuento de la "Ciudad Universitaria", porque la única facultad que aprendieron los platenses es la de hacer fila para reclamar.
Cada baldosa levantada es una metáfora de su gestión: inestable, sin base y condenada a hundirse. La Plata merece un intendente, no un gerente de campañas fallidas. Pero claro, Alak sigue el manual de la jefa: victimizarse, distraer y prometer hasta que el próximo gobierno tenga que arreglar sus desastres. El problema es que los plazos se cumplen, y los vecinos ya no compran espejitos de colores.
