Tras el papelón
¿En qué quedamos? Jorge Macri pasó del dedo acusador al aplauso obligado para Kicillof
Después del cuestionado operativo de CABA durante el banderazo en el Obelisco, el jefe de Gobierno porteño terminó reconociendo el despliegue de la Provincia en Avellaneda durante el velorio del Indio Solari.
9 de Junio de 2026
Jorge Macri venía cómodo en su libreto favorito, el de señalar a la Provincia como si cada problema porteño cruzara la General Paz con boleto picado y documento bonaerense. Pero después del papelón que dejó el accionar de la Ciudad durante el banderazo en el Obelisco reprimiendo a familias ricoteras, el jefe de Gobierno tuvo que bajar un cambio, guardar el dedo acusador por un rato y admitir que el operativo montado por la gestión de Axel Kicillof en Avellaneda durante el velorio del Indio Solari fue para reconocer.
?? TRAS EL PAPELÓN DEL BANDERAZO, JORGE MACRI TUVO QUE RENDIRSE ANTE KICILLOF
— Deuda Prometida Stream (@DeudaStream) June 9, 2026
Después del cuestionado accionar de la Ciudad durante el banderazo en el Obelisco, Jorge Macri terminó reconoció el operativo montado por la Provincia en Avellaneda: “Hay que felicitarlos”. pic.twitter.com/q1mwoRXpKx
La frase no pasó desapercibida. “Hay que felicitarlos”, dijo Jorge Macri al referirse al operativo provincial, una definición que sonó casi como una rendición política después de semanas en las que el macrismo porteño eligió cargar contra la Provincia y contra Kicillof por los conflictos que atraviesan la Ciudad.
El contraste es demasiado grande como para esconderlo debajo de la alfombra amarilla. Hace poco, Jorge Macri venía impulsando reiterados operativos sobre personas que ingresaban desde la Provincia, mientras instalaba la idea de que parte de los problemas de CABA eran responsabilidad bonaerense. En ese marco, llegó a apuntar contra Kicillof y contra la gestión provincial, incluso con el señalamiento de que desde el otro lado de la General Paz mandaban “fisuras” a la Ciudad.
Pero la política, cada tanto, tiene estas escenas incómodas. El mismo dirigente que venía construyendo una frontera simbólica entre porteños ordenados y bonaerenses problemáticos terminó felicitando a la Provincia por un operativo de alto impacto en Avellaneda. De repente, el distrito que según el discurso porteño exportaba conflictos pasó a ser ejemplo de organización.
El episodio deja a Jorge Macri en una posición incómoda. Porque una cosa es hacer campaña permanente contra la Provincia y otra muy distinta es tener que reconocer que, cuando hubo que ordenar un evento sensible, masivo y con enorme carga emocional como el velorio del Indio Solari, el operativo bonaerense salió mejor parado que el despliegue porteño durante el banderazo en el Obelisco.
La contradicción quedó servida. Mientras el jefe de Gobierno busca responsabilizar a Kicillof por los problemas que la Ciudad no logra resolver, terminó usando al mismo gobernador como referencia positiva. Una pirueta discursiva difícil de vender incluso para el manual más flexible del marketing político porteño.
En criollo, Jorge Macri quiso jugar al patrón de estancia de la General Paz, pero terminó aplaudiendo al vecino al que venía culpando por el barro en la vereda. Y cuando el elogio sale obligado, después de un papelón propio, la felicitación suena menos a grandeza institucional y más a reconocimiento tardío de una evidencia que no pudo seguir esquivando.
