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Sábado 6 de Junio de 2026

Armado territorial

Julio Alak repartió La Plata entre militantes, ex funcionarios y viejos conocidos del peronismo

Los delegados comunales son la primera cara del Municipio ante los vecinos, pero el mapa de nombres expone una estructura atravesada por la militancia, los vínculos políticos y los recambios de una gestión que todavía no logra hacer pie en varios barrios.

5 de Junio de 2026

En casi tres años de gestión, Julio Alak terminó de moldear un esquema territorial que funciona como una radiografía bastante precisa de su forma de gobernar. Las delegaciones comunales, que deberían ser la herramienta más cercana para resolver los problemas cotidianos de los vecinos, quedaron ocupadas por una combinación de militantes, dirigentes partidarios, ex funcionarios reciclados y referentes alineados con distintas tribus del peronismo platense.

El relevamiento de los responsables barriales muestra algo más que simples designaciones administrativas. Detrás de cada oficina comunal aparece una extensa red de lealtades políticas, acuerdos internos y nombres vinculados al aparato que sostiene al intendente. Mientras los reclamos por calles destruidas, luminarias apagadas, inseguridad y falta de servicios siguen acumulándose en distintos puntos de la ciudad, el oficialismo consolidó una estructura territorial que parece priorizar el equilibrio entre sectores propios antes que los resultados de gestión.

Los cambios constantes también dejaron expuesto el desgaste prematuro de varias delegaciones. En localidades como San Carlos, Tolosa, Villa Elisa, Abasto o Villa Castells ya hubo reemplazos y movimientos internos. La rotación de funcionarios se convirtió en una señal difícil de disimular para una administración que llegó prometiendo orden después de años de crisis política local.

El mapa actual incluye dirigentes cercanos a Victoria Tolosa Paz, referentes del Frente Amplio Peronista, militantes históricos de Alak, integrantes de La Cámpora, sindicalistas, funcionarios provinciales, dirigentes de clubes, miembros de ATE y ex funcionarios de gobiernos anteriores. En algunos casos aparecen nombres con trayectoria barrial reconocida. En otros, la principal credencial parece ser la cercanía política con algún sector del oficialismo.

La situación resulta especialmente llamativa porque las delegaciones son el primer mostrador del Municipio. Son quienes reciben las quejas cuando falta mantenimiento, cuando las zanjas rebalsan, cuando las luminarias no funcionan o cuando una calle queda intransitable. Sin embargo, gran parte de los perfiles exhibidos por la gestión destacan antecedentes militantes, pertenencias partidarias o vínculos políticos antes que experiencias concretas en administración pública o resolución de problemas urbanos.

El caso de Arturo Seguí refleja con claridad la lógica predominante. Allí fue designado Juan Ramón Carbone, histórico militante alakista que llegó a definir al jefe comunal como "el mejor intendente de la historia". Más que una carta de presentación institucional, la frase parece una declaración de fidelidad política en una estructura donde la lealtad continúa siendo una moneda de enorme valor.

En Villa Garibaldi y Sicardi aparece una dirigente ligada al peronismo y a ATE. En Abasto figura un referente con vínculos políticos con sectores de Fuerza Patria. En El Rincón sobresalen dirigentes asociados al universo camporista. En Etcheverry, un militante de una casa peronista. En Melchor Romero, un referente juvenil del Frente Amplio Peronista. La enumeración podría seguir durante varias páginas sin alterar demasiado el patrón general.

Mientras tanto, los vecinos siguen esperando respuestas concretas. Porque más allá de los currículums, las agrupaciones, las fotos partidarias y los sellos políticos, la verdadera evaluación no pasa por la cantidad de militantes distribuidos en el territorio sino por algo bastante más sencillo. Que las calles estén transitables, que el alumbrado funcione y que los reclamos no terminen perdidos en la burocracia municipal.

Por ahora, el mapa de delegados de Alak parece mostrar una ciudad administrada con lógica de construcción política permanente. Una especie de gran tablero territorial donde cada casillero tiene dueño, referencia y padrino. El problema aparece cuando los vecinos descubren que, mientras la política acomoda sus piezas, los problemas de siempre siguen exactamente en el mismo lugar.

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