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Sábado 6 de Junio de 2026

Operativo fronterizo

Jorge Macri convirtió la General Paz en un set policial mientras la inseguridad sigue sin encontrar freno

El masivo despliegue de efectivos, drones y helicópteros generó demoras en los accesos entre Ciudad y Provincia y volvió a poner en debate la estrategia de seguridad del Gobierno porteño.

5 de Junio de 2026

La Ciudad de Buenos Aires volvió a desplegar este jueves un amplio operativo de seguridad sobre la Avenida General Paz y los principales accesos con el conurbano bonaerense. Bajo el nombre de "Operación Muro", la gestión de Jorge Macri movilizó efectivos policiales, helicópteros, drones y controles simultáneos en decenas de puntos estratégicos, en una puesta en escena que buscó exhibir firmeza frente al delito, aunque terminó generando importantes complicaciones para miles de personas que regresaban a sus hogares.

El anuncio oficial llegó acompañado de imágenes aéreas, vehículos policiales y un fuerte aparato comunicacional. Sin embargo, detrás del despliegue quedó expuesta una pregunta incómoda para la administración porteña. ¿Cuánto contribuye una demostración de fuerza de estas características a resolver los problemas estructurales de seguridad que siguen preocupando a los vecinos?

La denominada "Operación Muro" cercó 24 kilómetros de frontera urbana a lo largo de la General Paz y los puentes sobre el Riachuelo. Los controles alcanzaron 48 accesos vehiculares, 27 pasos peatonales y 16 puntos estratégicos distribuidos sobre las principales autopistas de ingreso y egreso de la Capital Federal.

La postal fue impactante. Patrulleros, agentes de distintas divisiones, helicópteros sobrevolando la zona y drones monitoreando cada movimiento. Más que una ciudad integrada con su área metropolitana, por momentos el escenario pareció el de una frontera bajo vigilancia permanente.

Uno de los aspectos más cuestionados fue el horario elegido para la intervención. El operativo comenzó a las 19 horas, coincidiendo con el pico de circulación de trabajadores, estudiantes y familias que regresaban desde la Ciudad hacia distintos municipios bonaerenses. El resultado fue una combinación de controles exhaustivos, largas filas y demoras que afectaron a miles de personas.

El foco de las inspecciones estuvo puesto especialmente sobre motocicletas con dos ocupantes, colectivos, vehículos utilitarios y automóviles con vidrios polarizados. Mientras tanto, persiste el debate sobre la eficacia real de este tipo de procedimientos frente a organizaciones delictivas que suelen adaptarse rápidamente a los operativos anunciados y concentrados en puntos específicos.

La estrategia también volvió a poner en escena una vieja receta del macrismo porteño. Frente a problemas complejos, la prioridad parece estar puesta en producir imágenes contundentes para redes sociales y conferencias de prensa. Drones, cámaras, luces azules y helicópteros generan impacto visual inmediato, aunque eso no necesariamente se traduce en una reducción sostenida de los delitos que preocupan a los vecinos.

Toda la estructura se apoyó además en el sistema de monitoreo del Anillo Digital, una herramienta que el Gobierno porteño exhibe como una de sus principales apuestas tecnológicas. Sin embargo, los cuestionamientos persisten cuando los robos violentos, las entraderas y los ataques bajo modalidad piraña continúan ocupando espacio en la agenda pública.

La gestión de Jorge Macri intenta mostrar capacidad de control en los límites de la Ciudad, pero la sensación que dejó el operativo fue la de una administración más preocupada por construir una imagen de autoridad que por explicar cuáles son los resultados concretos de semejante despliegue. Al final del día, los vecinos siguieron atrapados en embotellamientos interminables y la inseguridad continuó siendo una de las principales preocupaciones de los porteños.

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