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Miércoles 10 de Junio de 2026

Descontrol urbano

La Plata de Alak, entre patrullajes invisibles y borrachos al volante

Una adolescente de 15 años fue atropellada en Melchor Romero por una camioneta cuyo conductor tenía 2,44 gramos de alcohol en sangre.

9 de Junio de 2026

Una adolescente herida en el asfalto, una camioneta detenida y un test de alcoholemia que marcó 2,44 gramos de alcohol por litro de sangre volvieron a dejar a La Plata frente a una postal incómoda para la gestión de Julio Alak. El hecho ocurrió en Melchor Romero y, más allá del expediente judicial, vuelve a desnudar una pregunta elemental que en el Palacio Municipal prefieren esquivar con cara de folleto institucional. ¿Dónde están los controles antes de que pase la desgracia?

El episodio se registró este domingo sobre la calle 531 entre 162 y 163, donde personal policial acudió tras un llamado al sistema de emergencias 911 que alertaba sobre un accidente de tránsito entre un vehículo y una peatona. Al llegar al lugar, los efectivos encontraron a una menor de 15 años, identificada como Kiara S., tendida sobre la cinta asfáltica junto a una Renault Duster negra.

Según informaron fuentes policiales, el conductor fue identificado como Félix Obando Claros, de 49 años, quien permaneció en el lugar mientras se desarrollaban las primeras actuaciones. Minutos después arribó una ambulancia del SAME, cuyo personal asistió a la adolescente y la trasladó al Hospital Dr. Alejandro Korn para una evaluación más exhaustiva.

Afortunadamente, las lesiones sufridas por la joven fueron calificadas como leves y recibió el alta médica. Pero el alivio por su estado de salud no alcanza para tapar el dato más grave del caso, porque el conductor fue sometido a una prueba de alcoholemia por personal de Tránsito Municipal y el resultado dio positivo con 2,44 gramos de alcohol por litro de sangre.

La cifra no es un detalle menor ni una anécdota de madrugada. Es un escándalo vial con nombre, apellido, vehículo incautado y una adolescente atropellada. Mientras Alak administra discursos sobre orden, cercanía y presencia estatal, en los barrios la realidad parece circular sin freno, sin control y con más margen que un auto mal estacionado frente a una dependencia pública.

Ante el resultado del test, las autoridades procedieron a la incautación de la Renault Duster involucrada en el hecho. La investigación quedó en manos de la UFI número 10 de La Plata, que ordenó las diligencias de rigor para determinar la mecánica del accidente, además de solicitar pericias accidentológicas y el relevamiento de cámaras de seguridad del Centro de Operaciones y Monitoreo.

El problema es que la película municipal se repite demasiado. Primero ocurre el siniestro, después aparece el operativo, más tarde llegan las explicaciones y finalmente se promete revisar lo que ya debería estar funcionando. En el medio, vecinos, peatones y adolescentes quedan expuestos a una ciudad donde la prevención parece llegar con delay, como si la gestión estuviera mirando el partido por streaming trucho.

Melchor Romero no necesita una placa prolija ni una foto de funcionarios señalando conos naranjas. Necesita controles reales, presencia sostenida y una política seria de tránsito y nocturnidad. Porque manejar con semejante nivel de alcohol no es una picardía de domingo ni una mala decisión aislada. Es una amenaza concreta para cualquiera que camine por la calle.

La Plata viene acumulando episodios que muestran una convivencia urbana cada vez más deteriorada. Entre motos sin control, autos que circulan como si las calles fueran tierra de nadie, corredores nocturnos desbordados y controles que aparecen cuando la noticia ya está escrita, la gestión Alak queda otra vez parada en el peor lugar, el de la reacción tardía.

El intendente podrá hablar de planificación, de recuperación del Estado municipal y de ordenamiento urbano, pero los hechos bajan a tierra cualquier relato de escritorio. Una adolescente de 15 años terminó atropellada y el conductor involucrado dio 2,44 de alcohol en sangre. No hace falta demasiada literatura política para entender la gravedad. La ciudad no se gobierna con comunicados prolijos, se gobierna evitando que estas cosas pasen.

Mientras se aguardan los resultados de las pericias, los investigadores intentan establecer las circunstancias exactas en las que la menor fue embestida por el vehículo. En paralelo, el caso deja otra discusión abierta, mucho más incómoda para el municipio. Si los controles aparecen recién después del golpe, la prevención no es política pública, es maquillaje administrativo.

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